Deliciosa Obsesión

Lleva varios días sin ir a su apartamento. Cuando presiono “reproducir” en su contestadora, empiezan a invadir la sala miles de mensajes que reclaman por él, que le dicen ‘perdido’, que lo quieren, que dónde se metió, que qué es de su vida…

Yo voy, todos los días, miro qué ha pasado de nuevo, analizo cada cosa, reparo cualquier rastro que me indique que Él ha vuelto. Nada. Me voy siempre, tratando de no tocar nada, de no mover nada… Dejando las cosas en su sitio… Para que encuentre todo como lo dejó. Él no sabe que yo he vuelto. No tiene ni la más mínima idea. Yo dejo todo intacto para qe nunca se percate de mi presencia fugaz por su apartamento. Ya no debería volver… Me hace daño. Me hace daño no encontrarlo. Me hace daño no sentirlo.  Me hace daño no verlo. Me hace daño entrar todos los días a su apartamento y buscarlo. Me da miedo encontrarlo de repente, sentado en su sofá, descubriéndome como una ladrona que entra en puntitas para llevarse algo que ya no le pertenece… Si es que le perteneció algún día.

Hoy entré otra vez. Fue como todos los días… Pensé que había cambiado la clave de la alarma. Sigue siendo la misma… Tuve la esperanza de encontrarlo sentado, de sentir cómo mis mejillas tomaban color con la vergüenza. Sentí alegría al pensar que ésa sería una forma de verlo de nuevo. Pero no. Tal como todos los días, nada. En la correspondencia, lo mismo de siempre. Las mismas cuentas. Las mismas revistas a las que está suscrito. Los mismos sobres de manila con algunas fotos que alguien se tomó con Él el fin de semana anterior, en el mismo parque en el que yo estuve. Cerca al sitio en el que estuve y en donde no lo ví…   Los mismos mensajes en la contestadora, de amigos y mujeres hermosas que reclaman por su ausencia. Todo está igual; excepto que está distinto. Todo sigue aquí, excepto que Él no vuelve…