Deliciosa Obsesión II

Ella volvió esta semana. Lo supe porque mi apartamento olía a kiwi, las persianas estaban movidas y mis papeles corridos. Lo supe porque, aunque las cosas estaban igual a como las dejé antes de salir, el ambiente se sentía más fresco. Como cada ambiente que Ella llena.

Ya sé que viene todos los días y lo mira todo; ya sé que se entera de mis movimientos al ver las fotos que me envían. Sé que siente celos de esas mujeres que me dejan mensajes en el contestador. Sé que le duele que yo no aparezca; pero sé con mayor certeza que le dolerá más cuando me vea.

Ella piensa que no la noto, que no sé de sus visitas matutinas a mi apartamento vacío. Ella cree que lo deja todo como lo encontró, sin saber que lo deja todo menos desordenado y que mi apartamento queda oliendo completamente a Ella.

Sé que no ha abierto el cajón de mi mesa de noche… Y no sé si quiero que lo abra. Podría encontrarse con cosas normales como una carta, como un extracto bancario, como una foto de otra mujer. O con algo tan nefasto como que aún guardo sus mensajes. Podría percatarse de una realidad fatídica: no volví a releerlos, como hacía todos los días, antes de alejarme de Ella.

Me han dado ganas de no ir a trabajar, de quedarme escondido esperando a que venga, como lo hace todos los días; como lo hizo esta mañana. Me dan ganas de ser paciente y sentir su aroma desde antes de abrir la puerta… De espiarla mientras me espía, de ver cómo sus manos toman las cosas de mi escritorio con cariño, recordando así cuando tomaba con esas mismas manos cada una de las partes de mi cuerpo.

Me dan ganas de salir de mi escondite; de ver cómo sus mejillas se sonrojan al sentirse descubierta… De ver su carita tímida mientras su mente viaja a velocidades vertiginosas buscando una excusa para su presencia… Me divierte imaginarlo. Pero no soy tan malo como para hacerlo.

O quizás demasiado bueno. Sé que, de hacerlo, quien se sonrojaría sería yo. La besaría con ternura y volveríamos a empezarlo todo. Mejor dejo las cosas como están. Que siga viniendo todos los días. Que husmee en mis cosas. Que se entere de mi vida.

Que todo siga igual, excepto que está distinto. Que ella siga viniendo, mientras mis sentimientos se van.