Situaciones Incómodas

1. MONTAR EN MOTO

Ponerse el casco por protección. Él está adelante, esperando. Debo montarme; soy su compañerita de viaje. ¿Cómo carajos me monto a ese aparatico? Pongo mis manos en sus hombros y mi pie derecho donde él me indica. Ahora lo complicado… Pasar todo mi cuerpo para poder viajar con él. Siento que todo se sacude; me imagino su esfuerzo para mantener la moto equilibrada y no caer al piso. Me siento gorda. Al fin, sentada. Toma mis manos y las lleva a su cintura. El viaje comienza y es divertido. Hasta que nos detengamos y yo deba improvisar un salto para bajarme.

2. ORINAR Y QUE OTRO ESCUCHE

Hay qué aceptarlo; orinar es delicioso, y más cuando llevas mucho tiempo sin entrar al baño y sientes que la vejiga se te va a explotar. Que te tocan el hombro y eso te produce desespero. Incluso hasta hablar del tema da un cosquilleo chiquitito que provoca ir al baño. La cosa es entrar y hacer lo propio. No sé si soy la única, pero la experiencia se me hace espantosa… Y no por cuestiones de higiene -eso ya es harina de otro costal-; no me gusta -y pido disculpas si soy muy burda- el sonido que produce el líquido. Me parece de lo más vergonzoso… Aunque al parecer nadie le da mucha importancia y he aprendido a vivir con ‘eso’ -“¡Todos lo hacemos; somos seres humanos!”-, definitivamente trato de evitarlo a toda costa… Soy de las que agradecen cuando nadie está cerca; cuando ese baño -y quizás el área- está completamente desierta y puedo orinar tranquila, y, si estoy en la casa del chico que me gusta, maldigo el momento en el que siento ganas de entrar al baño, y le ruego al universo que no me escuche.

3. EL DÍA DESPUÉS

Ahora imagínate esto: La noche fue espectacular, estás con el chico que te gusta, hiciste cosas que te despeinaron en niveles inimaginables -y no entremos en detalles triple equis- y él te sugiere que pases la noche.

Al día siguiente, el sol te despierta porque te cae en toda la cara. Claro; después del agite y el cansancio de ayer, ninguno se paró de la cama a cerrar las cortinas. Ya no queda nada de la imagen romántica de la noche, cuando los dos se quedaron abrazados en cucharita, o cogidos de la mano… Ahora él te da la espalda, con ese trasero al aire; todavía está roncando -parece que el sol no le molesta en absoluto-, y aún así se ve completamente adorable… Tú, en cambio, estás hecha un desastre; tu cabello se convirtió mágicamente en un afro caribeño indescriptible, necesitas ir al baño antes de que él se despierte para ocuparte de tu aliento, y no encuentras nada qué ponerte, porque toda la ropa está esparcida por el suelo de la habitación y no quieres correr el riesgo de que él se despierte y te vea la celulitis. Al final te pones su camisa y te diriges al baño. Y, ¡momento incómodo #2! Orinar sin que te escuche. Halar la cadena y cruzar los dedos para que eso no lo despierte.

Afortunadamente, después de desayunar y bañarse juntos, la vida deja de ser incómoda por un rato.

4. ENCONTRARSE CON EL EX

De incómodas situaciones, y ésta. De por sí ya es bastante incómodo saludar de beso en la mejilla a quien antes besabas por todas partes. Y éste es un detalle bastante insignificante si mencionamos el hecho de que ese ex puede estar en el mismo momento del encuentro de la mano de su nueva pareja. Para hacer la situación lo menos cómoda posible, justo ese día te levantaste de malas pulgas o no te dio tiempo de nada… Y es ley que te verá sin maquillaje, con la primera blusa que encontraste en tu clóset, con el jean que te saca el gordito, con la cara de acabada de levantar que no podrías esconder ni con tu mejor sonrisa.

5. ESTAR EN UN EVENTO Y NOTAR QUE ALGUIEN TIENE PUESTO UN VESTIDO IGUAL AL TUYO

“Maldita sea”, es tal vez lo primero que piensas. “¿Quién se habrá dado cuenta?”. Si no tienes una chaqueta, es mejor que te alejes lo más que puedas de esa intrusa que te robó el look. Porque aquí tenemos otra ley: a ella le queda el vestido mucho mejor que a ti.

6. ¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!!

Ahhh… Celebraciones. Están todos tus amigos, te han dado buenos regalos, eres un año más viejit@, pero con toda la felicidad porque compartes ese momento con quienes más quieres. Llega la torta, prenden las velas y todos empiezan a cantarte el cumpleaños. Si lo cantas con ellos, te verás como idiota. Si sonríes y asientes, te verás como idiota… Hagas lo que hagas, ¡te verás como idiota! Qué incómodo, ¿no? Afortunadamente a nadie le importa, porque a todos nos ha tocado, y porque ES TU CUMPLEAÑOS.

7. AMORES AJENOS

Estás en el paradero de tu ruta de bus. No hay nadie más que tú. Y llega una parejita -de esas que claramente apenas están comenzando su relación- y comienza a demostrarse su amor delante de ti. “Qué lindo el amor…”. Dí la verdad… Si no eres tú, quieres golpearlos o salir corriendo, porque es completamente incómodo.

8. COMPRAR PRESERVATIVOS

Probablemente sea la única que encuentre incómoda esta situación -tal vez todas las que he mencionado-, pero, en mi opinión, comprar condones es una tarea única y exclusiva de los hombres. Y no me vengan con que tengo la mente muy cerrada, o soy una mojigata… Pero la cara del farmaceuta -quizás sean puras impresiones mías- me hace desear que a él se le borre todo registro mental que guarde de mí. Además, no falta el conversador… “¿Y por qué esa marca? Mi esposa y yo utilizamos tal otra…”. En serio, hombres… No permitan que nos toque a nosotras, aunque sea una vez, hacer el surtido de preservativos.

9. TROPEZAR

En mi vida, es pan de cada día, por lo que ya no se me hace tan incómodo. Quizás debería cambiar el título y poner “CAER”. La mayoría de las caídas son bastante estúpidas, y se clasifican en dos: Estúpidas Inofensivas y Estúpidas Perjudiciales. Las primeras son aquellas en las que no te pasa absolutamente nada más que la vergüenza; en las segundas te encuentras con alguna parte de tu cuerpo comprometida… Desde un raspón en la rodilla hasta alguna fractura que le elimina todo toque de gracia al momento.

No sabes cómo reaccionar al caerte; si reírte con los demás o fingir que te pasó algo grave… Depende de cómo sea tu talento para la actuación y tu capacidad de reacción… De cualquier modo, siempre habrá alguien que recuerde tu caída una y otra vez y la narre con elocuencia en cada reunión social a la que asistan juntos.

Tal vez el tema de las caídas es un poco más extenso, pero un aspecto digno de mencionar es el público. Si te caíste en la calle, ponte de pie lo más rápido posible y cambia de ruta… Afortunadamente no te conocen, y la velocidad de tu huída es completamente proporcional a la recordación que generes en tu público.

Si te caíste delante de tus amigos, ríete y ruega porque alguno de ellos cometa alguna idiotez que pueda opacar la tuya. Pero, ¡ay, si te caíste delante del chico que te gusta..! Ésa es la vergüenza más grande en las caídas… Si te sigue hablando sin ninguna risita burlona, ¡cásate con él! Jajaja!

Ésa fue mi lista de situaciones sociales incómodas. Probablemente haya vivido más, pero ahora no las recuerdo -o no quiero recordarlas, jeje!-. Si te ha pasado alguna de las que mencioné, cuéntame… Si has vivido otra que no está aquí, ¡coméntala! Si no te gustó lo que leíste, ignóralo… Si te gustó, ¡compártelo! 😉