Ónix

Insípida y revuelta. Vuelta mierda, querré decir.

Mirando al horizonte como un poeta inspirado. Sólo que no estoy inspirada. Estoy perdida y expiro.

Deseos insatisfechos, sonrisas de medio lado. Hipócritas, hipócritas. El cansancio en forma de ojeras oscuras y esa canción que casualmente quiso sonar. ¿Musicalizar esto? Pfff… ¿Acaso qué es esto? ¿Una oda de domingo?

Desde ese momento vago perdida. No tengo rumbo; sólo camino. A veces siento que es imposible. Y, honestamente, es la mayoría de las veces. Sensación de vacío e inutilidad. Sensación de entrega, pero miedo de dar más.

Duerme, duerme. Respiración fuerte que delata un sueño profundo. Inspira. Espira.

Rompiendo silencios. Recordando pesares. LaC*gué.

Ojos que ya no miran. Sonrisas que no son para mí. Mirada perdida y lejana. No estoy más.

Ficción

Al fondo suena Oasis. Tan duro, tan duro, que no alcanzo a escuchar lo que el mundo tiene para decirme. Como una película muda. La gente camina, los carros avanzan. Labios que se mueven hacia arriba, hacia abajo; lenguas que los humedecen con cariño, dientes que los muerden con suavidad. Unos metros más allá, con unas cuantas paredes separándonos, está Él, haciendo quién sabe qué. Él no sabe que lo estoy pensando. Mucho menos debe imaginarse que estoy escribiendo esto. O que lamento mucho no haberlo besado un par de horas atrás. No, no se lo imagina.

Tampoco sabe que lo estoy esperando -sí, tan idiota… Como si fuera a volver-… No se imagina que, desde que se fue, no me he movido de esta silla, he pedido tantos cafés como una drogodependiente y no he encontrado satisfacción porque sigo esperando por una sobredosis suya.