Al mejor estilo de ‘Sunday Morning’

Tengo una imagen recurrente: me levanto sin que lo notes, dejándote en mi cama, soñando cualquier cosa bonita mientras el sol entra por la ventana.

Camino hacia la cocina. Despacio, porque no quiero despertarte; porque quiero que sigas soñando con esa cosa bonita que te mantiene inmerso, con los ojos cerrados. Despacio, porque así el momento me dura más; porque te ves lindo dormido y yo disfruto el compás de tu respiración; porque te ves vulnerable y porque me dan ganas de volverme a meter debajo de esas cobijas para que me rodees con ese abrazo perfecto con el que quiero despertar siempre.

Y empiezo a preparar el desayuno. Pasito, para no despertarte; y con tanto amor como me sea posible, como si así lograra que me quedara más rico; como si de esa forma, como por arte de magia, fueras a quererme más después. Estrello los huevos con cuidado, y las yemas caen perfectas. Es una lástima, porque la cucharita de palo va a dañar esa perfección. Revuelvo con suavidad, cuidando no hacer mucho ruido. Te imagino, y me gusta. Te imagino, y me gustas.

Es inútil guardar tanto cuidado porque terminas despertándote de todos modos. Me sorprendes abrazándome por la espalda, con ese “buenos días” que te suena tan bonito; los ojitos sin abrirse del todo y un “¿te ayudo?” al oído que rechazo obstinada, porque será ese tu desayuno y mío el deseo de que lo disfrutes. Que unos simples huevos revueltos sean el comienzo de un día maravilloso.

Me sonríes y me dices que te gustó. Me agradeces con un beso, nos bañamos juntos y así empieza nuestro domingo… Como te dije, es una imagen que se repite bastante… Y en mi cabeza es perfecta, si quieres que te diga la verdad. Lo que pase después lo dejo a tu imaginación; digamos que sería un buen inicio para una historia… ¿No?

Ah, pero, qué bobita yo, imaginándome todo eso… Entre todo lo que hemos hablado, y ni siquiera me has contado si te gusta comer huevo al desayuno.

😉

Estoy escuchando ‘How do you do it?‘ de The Quiet Company 🙂