Un Cuartico de Pensamiento

La gente pregunta por qué soy así. Por qué me afectan tanto las cosas, por qué soy tan jodidamente sensible, por qué me demoro tanto en hacer mis duelos. Lo preguntan como si lo disfrutara; como si llorar fuera muy rico y eso de recordar, lamentar y maldecir fuera súper divertido y encantador.

No sé qué responder. No sé por qué tardo tanto en cicatrizar. No sé por qué tardo tanto haciendo un duelo. Y, de verdad, si lo supiera, lo cambiaría y no estaría escribiendo esta pendejada. Llevo AÑOS buscando la respuesta a esa pregunta. Para que no duela, para que no moleste; para que sean siempre nada más que lindos recuerdos; para que no traigan lágrimas. Llevo años buscando ese camino, y en esa búsqueda he encontrado que la mejor solución -aunque la más cobarde- es no sentir. Cerrar las puertas con llave; no dejar entrar a nadie. Porque es muy rico hospedar gente en el corazón, sonreír y disfrutar de su estadía, pero duele mucho cuando lo saquean todo y se van; y luego uno se queda preguntándose por qué, si era tan buen huésped. Por qué, si había sido tan buen invitado. Por qué, si rogó tanto pa’ que lo dejara entrar.

Mi corazón es una casita; no un hotel. Si usted piensa venir de paseo, tenga la amabilidad de no tocar la puerta siquiera. Porque, si no soporto las despedidas, mucho menos voy a soportar un abandono.

Enséñeme a que no duela.

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