Correspondencia de Marzo

El cielo se puso gris y de repente me dieron ganas de abrazarte. Tan fuerte, tan fuerte, que desapareciera el mundo… Tan fuerte, tan fuerte, que sólo estuviéramos nosotros.

Me puse a pensar en los domingos, cuando íbamos juntos a comprar el periódico y nos quedábamos por la tarde leyéndolo juntos. A mí no me importaba ni cinco lo que pasara con Pastrana; para mí era más importante saber qué estaban haciendo Calvin y Hobbes.

Había domingos con el cielo gris, como el de hoy. Esos eran mis preferidos. Aunque me gustaban los soleados, con posibilidades de paseo en bicicleta, los grises en especial me llenaban más porque no tenía que compartirte con nadie. El teléfono no sonaba, a nadie se le ocurría prender el televisor y al fondo sólo se escuchaba el silencio o algún tango de Gardel, interrumpido a ratos por algún resoplo de inconformidad (¿qué habría hecho Pastrana esta vez?) o alguna carcajada casi silenciosa.

Nunca te lo dije, pero el domingo era mi día favorito de la semana por esa complicidad que compartíamos. Mis domingos hoy son algo insípidos. Ya no huelen a periódico -aunque a veces Gardel suena de fondo-. De vez en cuando leo las noticias, en las que ya no sale Pastrana. Me pregunto entonces cómo serían las cosas hoy… Si leerías el periódico conmigo, si resoplarías por culpa de Santos o si te reirías de Uribe. Me pregunto si saldrías conmigo en bici. Si te enojarías porque ya no voy a misa… Si tendríamos las mismas conversaciones que teníamos antes.

Hoy quiero abrazarte como todos los días. Las ganas hoy son más fuertes, tal vez porque el día está gris y me trae muchos recuerdos. O porque tengo mucho miedo. O simplemente porque es una necesidad física que no puedo explicar. Extraño que me beses la frente y me digas que todo va a estar bien, que me cuentes esos chistes malos que tanto me hacían reír, que te tomes un tinto conmigo mientras me cuentas por qué te gustó tanto La Náusea o por qué debería leer La Casa de las Dos Palmas.

Tal vez la nostalgia crece porque es marzo. Porque es el mes de nuestro cumpleaños, y será un año más en el que no te abrace. Porque no tengo la manera de saber en dónde estás, ni puedo preguntarle a nadie si estás bien. Me conformo por ahora con la idea de hacerte sentir orgulloso, de mantenerte vivo en mis pensamientos, de aferrarme a la idea de algún día, si soy buena, encontrarnos en algún lugar. Hoy abrazo tu recuerdo mientras llega el día de abrazarte.

¿Sabes algo, papi? Muchas cosas han cambiado… Pero los domingos… Los domingos siguen siendo nuestros.

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