De los amores de la vida

Alguien que quiero mucho me dijo un día: “la vida es una sala de espera. Y, mientras espero, vivo”.

Siempre pensé que tenía razón. Esa frase tan simple me asombró, me abrió los ojos; me dio una perspectiva completamente distinta de las cosas. Luego pensé que tal vez no fue la frase sino quien me la dijo… Que sólo por eso me había marcado tanto. Tiene un poquito de sentido, pero no, no es el sujeto… Es la frase.

Ayer me preguntaron qué sentía por él. Si todavía lo amaba. Si todavía me daban cosquillitas en el estómago cuando lo veía. Si ver la vida avanzar -esa gigantesca sala de espera- no me producía un poquito de vértigo… sería insensato negar que tuve que detenerme a pensarlo. A analizar mi reacción cuando por casualidad me enteraba de las cosas bonitas que pasaban por su vida sin mí…

Él tiene ahora un amor perfecto. Está en una sala de espera que yo quise en algún momento compartir con él. Y lo que vive, por lo que alcanzo a ver, es perfecto, y me hace sentir un poco de nostalgia… Y a veces siento que ésa, a su lado, pude haber sido yo. Podría lamentarlo, pero tampoco es justo, porque, aunque mi sala de espera es a veces apretujada y exhaustiva, así me gusta… así me enseña.

Me preguntaron si todavía lo amo. Qué ridiculez, ¡si jamás dejé de amarlo! Ese amor sigue ahí, pero es un amor completamente transformado, quizás el más sincero y puro que pueda sentir ahora por alguien. Y no espero que nadie lo entienda… total, los sentimientos no están por ahí para meterles razón. Sólo existen para vivirse y ya. Y hoy los siento, sin poder -ni tener por qué- hacer nada al respecto… y así, mi sala de espera está bien y yo puedo continuar. Ya no quiero con él mis amaneceres. Ya no añoro, como antes, pasar el resto de mi vida a su lado. Ahora lo veo y no me duele; lo veo feliz y eso me hace feliz.

Al principio lloré un poco. Y lloré por verlo alejarse, por verlo cumplir con otra todo eso que alguna vez imaginé que cumpliría conmigo. Y me refugié en otros. En un par de relaciones vacías, sin sentido ni significado que, irónicamente, me ayudaron a crecer. Y los dos seguimos. Y allá está él, y aquí estoy yo.

Y sí. Pensé siempre que era el amor de mi vida. A veces aún lo pienso; no he vuelto a amar a nadie con la misma intensidad. Pero aprendí que a los amores de la vida hay que dejarlos partir para que encuentren sus amores de la vida. Y aprendí también que tal vez él no sea el mío… Y que el mío simplemente no ha llegado.