Los libros no se prestan

Cuando tenía doce años, mi tío llegó a mi casa con una caja llena de libros. Era una colección de veinticuatro clásicos, cada uno de distinto color, pero con el lomo enumerado. Nunca le pregunté de dónde la había sacado, o si ya los había leído todos; lo que hice, en cambio, fue abrazar la…